EL ACORDEÓN EN EL PIRINEO DE HUESCA*

Antes de que, asociado a los bailes "agarrados", el acordeón empezara a hacer furor en la península de fin de siglo, el pequeño acordeón "de botones" ya se había difundido por toda la montaña oscense, llegado desde los Pirineos Occitanos. El acordeón se asoció sobre todo a bailes por parejas, adatándose perfectamente a las corrientes locales del momento: la evolución moderna del Vals (desde finales del XVIII) y la adaptación, ya en el XIX, de las versiones cortesanas de la Polca y la Mazurca, favoreciendo su expansión. Desde el punto de vista del músico, aquel primer acordeón diatónico era además un instrumento cómodo: unía en un tamaño reducido melodía y acompañamiento -incluso muchos apreciaban el "ritmo" de sus mecanismos al abrir y cerrar-, sin además tener que preocuparse por afinarlo, ni por ir reemplazando los elementos sonoros, como en los instrumentos de cuerda o de lengüeta de caña. De esta manera, en el Alto Aragón aparece sobre todo acompañado de guitarra y violín, pero desbanca a otros instrumentos arcaicos incapaces de adaptarse a la "moderna" escala temperada, como en el caso de la cornamusa del país de Sobrarbe. En el Viello Aragón ocupará el lugar del chiflo y el salterio al ir desapareciendo estos en algunas danzas ceremoniales, pero no llega a formar dúo con ellos, tal como tardíamente pasaría en el valle bearnés de Ossau. (…) Los músicos que durante este siglo profundizaron con el acordeón diatónico cambiaron más tarde por los grandes acordeones cromáticos, lo cual, por su aprendizaje más especializado y su mayor precio, comportaban en sí un proceso de selección, diferenciándose el músico semiprofesional del "aficionado". En el medio rural, hoy abundan los cromáticos y la pequeña "curdión" es ya muy rara.
* Tomado de la revista El Mundo de los Pirineos, nº 5, sep-oct 1998, p. 56.


Álvaro de la Torre Músico e Investigador
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