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Fernando
Savater: “Educar es transmitir humanidad”
(Extracto de
la entrevista que se publicó en la revista y que fué realizada
por Marta Colomé)
Catedrático
de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, autor de numerosos
libros y colaborador de publicaciones españolas y de fuera del país,
el nombre de Fernando Savater está indudablemente ligado al de la
ética. Asegura que la educación y la protección de
los menores son problemas éticos básicos. Ante los retos
y las preguntas que ello plantea a los que deben educar, Savater propone
formación y reflexión y, sobre todo, tener siempre como prioridad
los intereses y los derechos del menor.
Estas son algunas
de las respuestas de nuestra entrevista:
“La ética
depende fundamentalmente de la intención, es decir, no se trata
de hacer unas reglas externas porque para eso están los códigos
penales: Lo importante es la intención. En el caso de la ética
de la protección a la infancia lo importante es que realmente se
esté buscando lo mejor para el niño, para el menor y no satisfaciendo
algún tipo de vanidad personal o de capricho. Repito que en el caso
de la ética, lo importante es la intención. En el caso jurídico,
sin embargo, lo que cuenta es la regla, la norma.
Cuando hablamos
de ética de la protección de la infancia, nos estamos refiriendo
a lo que pueden esperar los niños de los adultos que se van a responsabilizar
de ellos, sean sus padres biológicos, tutores o las personas que
los van a adoptar, cuál es la reflexión moral que nos suscita
el hecho de tener a un menor en nuestras manos, de tener que responsabilizarnos
de un menor. Es un problema ético básico. La moral parte
precisamente de ese hacernos cargo de los demás. Y en el caso de
los menores, por su estado de entrega a nuestro cuidado, protección,
orientación, pues todavía la pauta ética se hace más
necesaria.”
“ La
niñez es un momento de preparación para la vida adulta. Cuando
nos preguntamos qué hay que proteger en el niño, la respuesta
es muy simple, hay que proteger la niñez, proteger ese intervalo,
ese tiempo de juego, de descubrimiento, de aprendizaje. No hay que hacerle
al niño adulto demasiado pronto, como en esos casos terribles de
niños que trabajan como esclavos desde edades ínfimas o los
niños que por abandono o miseria tienen que convertirse forzosamente
en adultos, es decir, que les secuestran su niñez, el tiempo del
juego y que nadie se hace cargo que otro tiene que ser adulto mientras
el niño es niño.”
“En el
caso de la adopción, la única diferencia que existe es que
en vez de ser el hijo biológico que nace sin más requisitos
que la pareja procree, aquí se deben pasar unos trámites.
El niño no está ligado biológicamente a la familia
sino que tiene que estar ligado por una decisión, por un compromiso.
El hijo biológico nos llega y con el adoptado nos comprometemos
y tiene una dimensión de compromiso elegido, yo creo, todavía
mayor que la paternidad biológica. Los verdaderos padres son quienes
se encargan de transmitir humanidad, quienes van a hacerse responsables
de la transmisión del mensaje humano, la dimensión simbólica,
la dimensión verbal, el reconocimiento de la semejanza humana y
de las pautas sociales”.
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