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La identidad en el adolescente

(Extracto del artículo que apareció en la revista y cuyos autores son León y Rebeca Grinberg)

El ser humano ha dirigido en este siglo su interrogación hacia sí mismo, tanto en el nivel individual como el social. El hecho de dominar el mundo sin haber podido ser dueño de sí mismo crea una situación potencialmente muy peligrosa. Esto hace pensar que el estudio de la identidad en nuestra época es tan estratégico como fue en tiempos de Freud el de la sexualidad.

Los autores de este trabajo planteamos la idea de que la identidad es el resultante de un proceso de interacción continua de tres vínculos de integración: espacial, temporal y social.

El primero comprende la relación entre las distintas partes de sí mismo, sobre todo del ser corporal, manteniendo su cohesión y permitiendo la comparación y el contraste con los otros. Tiende a la diferenciación sujeto-objeto. Lo denominamos vínculo de integración espacial. Corresponde al sentimiento de individuación.

El segundo apunta a señalar un vínculo entre las distintas representaciones de sí mismo en el tiempo, estableciendo una continuidad entre ellas. Es el vínculo de integración temporal. Es la base del sentimiento de mismidad.

El tercer vínculo es el que se refiere a la connotación social de la identidad y está dado por la relación entre aspectos propios y de los otros, mediante mecanismos de identificación. Es el vínculo de integración social. Da lugar al sentimiento de pertenencia a un grupo.

 
 
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