Edita
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Una revista al servicio de los profesionales y de las familias adoptivas y acogedoras |
CARTAS DE LOS LECTORES
Los lectores que deseen enviar una carta a la sección Correo
pueden enviarla por e-mail a: as.addif@suport.orgo
por correo ordinario a: Revista Infancia y Adopción. ADDIF. C/Pere
Vergés, 1, planta 11 despacho 8. 08020 Barcelona. Recordad que en
los textos destinados a esta sección ha de constar el nombre, domicilio,
teléfono y DNI de sus autores.
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Como si la hubiera adoptado...
-«Verdad que la quieres como si la hubieras parido?
La típica pregunta, tras la cual todos esperan el típico sí, me llevó internamente a un no que quiero compartir desde estas líneas con todos vosotros.
-No, no la quiero como si la hubiera parido. De hecho, la quiero bien, bien, como si la hubiera adoptado. Los primeros recuerdos que tengo de mi hija son la sonrisa de una niña de diez meses al vernos por primera vez; la mirada de muchos otros niños contemplando, desde sus cunitas, el milagro de nuestro encuentro y esperando el suyo; los abrazos en las piernas de esos pequeños de 3 y 4 años llamándonos "papá, mamá", "papá, mamá" intentándole dar como mínimo voz a su deseo...
Todas las emociones que vivimos cuando fuimos a buscar a nuestra hija, todas aquellas lágrimas incontenibles, todas aquellas risas que consiguieron vencer, finalmente, tanta y tanta tristeza, no se sienten cuando pares un hijo. El embarazo y el parto, cuando la mujer los vive con pleno protagonismo, con todos sus deseos, son una experiencia maravillosa, un auténtico milagro, un triunfo salvaje, la más merecida y gran victoria... Pero aún así, «quién podría olvidar jamás la tristeza de aquellos pequeños ojos, ausentes y perdidos por no tener a nadie, que se llenaron, poquito a poco, junto a papá y a mamá, con la luz eterna de la risa?
No, nunca la podría querer como si la hubiera parido, porque es demasiado grande el privilegio, la emoción, de haberla adoptado.
ªNecesitaba ella tánto unos padres!
ªDeseábamos nosotros tánto un hijo!
«Es que puede haber algo más emocionante, más perfecto, que este encuentro?
A.M. (Barcelona)
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La adopción en la escuela
Soy maestro de párvulos (niños y niñas de cinco años) y quiero explicar una anécdota que me sucedió a principio de curso. Entre mis alumnos hay una niña que es hija adoptiva y un día, trabajando un tema de animales, los niños empezaron a decir que las crías crecían dentro de las barrigas de sus mamás, como nosotros. Entonces esta alumna intervino diciendo que ella no había estado en la barriga de su mamá. Mi primera reacción fue querer corregir ese "error", pero de manera intuitiva dejé que la niña continuara explicándose. Y valió la pena. Así fue como contó, a toda la clase, que ella había estado en la barriga de otra señora que no la pudo cuidar, que la dejó en la calle y que la policía la recogió y la llevó a un "Hogar" con otros niños que no tenían papás. Que más tarde su papá y su mamá la fueron a buscar a aquel "Hogar" que estaba en Colombia, el país donde ella nació, que tuvieron que coger muchos aviones para ir a por ella... Todos los niños se quedaron boquiabiertos y a mí me dió una valiosa lección. De una forma tan sencilla como profunda había tratado un tema que yo no sabía cómo tratar, cómo afrontar, dentro del aula. Su explicación, clara y sencilla, consiguió acabar con la angustia, el desasosiego y la inseguridad que me producía personalmente ese tema tan "delicado". Cuando ella acabó sus explicaciones, los niños preguntaron si todo aquello que había dicho era verdad o era un cuento. Entonces yo, guiado por la naturalidad del discurso de mi alumna, intervine para decir que era verdad, verdad, que su historia era una historia muy bonita, que todos habían tenido una gran suerte, tanto ella como sus papás, y que por eso parecía un cuento. Enseguida todos sintieron la necesidad de explicar también alguna historia interesante de sus biografías...
Esta anécdota me ha servido para constatar lo importante que es el dejar a los niños explicarse a su manera. Si yo hubiera interrumpido el discurso de mi alumna, para "corregir como maestro su error", ni ella hubiera podido compartir espontáneamente su historia con nosotros, ni nosotros hubiéramos podido aprender tanto de su historia distinta y singular. Por otra parte, creo que los maestros tenemos una desinformación absoluta respecto a este tema en concreto y de ahí nuestra angustia e inseguridad a la hora de abordarlo. En mi caso fue la intuición de callar y el enfoque positivo y correcto con que los padres de mi alumna habían abordado el tema en casa, lo que permitió que su tratamiento en clase surgiera de una manera tan natural y positiva. Pero creo que sería muy necesario que todos los maestros con hijos adoptivos en el aula tuviéramos una charla con los padres para saber cómo enfocan el tema en casa y cómo debemos enfocarlo nosotros en la escuela. Y esto mismo deberíamos hacer con todos esos alumnos que no viven en una familia standard, porque la diversidad familiar es un hecho cada vez menos minoritario y se hace ya imprescindible que atendamos y respetemos desde la escuela esta diversidad.
J.M. Arjona (Girona)
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Periodistas y Adopción
En las Jornadas sobre Adopción Internacional celebradas el pasado mes de noviembre en Madrid, el Ministerio invitó a especialistas, de diferentes países y comunidades autónomas, que por sus conocimientos y trayectoria profesional en el campo de la adopción, llenaron de calidad el contenido de las Jornadas. Hubo una mesa, sin embargo, la dedicada concretamente a los medios de comunicación, en la que faltaron, con alguna que otra excepción, los conocimientos más elementales. Así, desde el público hubo incluso una intervención, dirigida al señor Aberasturi, pidiendo mayor documentación y conocimiento de causa para aventurarse a hablar en público de ciertos temas. De todas formas, y lamentablemente, ésta parece ser la norma general de una buena parte del periodismo, porque ya no sólo cuando se habla, sino también cuando se escribe sobre adopción, la documentación y la especialización en el tema por parte de los periodistas suele dejar bastante que desear. Pero no fue sólo eso. La señora Pilar Cernuda lanzó en voz alta una opinión que logró dejar a más de un asistente a las Jornadas absolutamente atónito. Según esta periodista de las tertulias radiofónicas sobre actualidad política, esta revista , la revista Infancia y Adopción, no debería, sencillamente, existir. Pronunciaba el nombre de la revista con el ceño fruncido, parecía que le molestaran esas palabras, le molestaban hasta el punto de creer del todo innecesaria la existencia de una revista especializada en esta temática. Según ella, bastaba con que los medios informaran de tanto en tanto sobre estos temas, porque es un tema más, porque a ella lo que más le molesta de los medios de comunicación es que anden siempre con esa “molesta” coletilla arriba y abajo e insistan en llamarla madre “adoptiva”, y no sencillamente “madre”. Yo, como padre adoptivo y padre biológico, consciente de las diferencias y las similitudes entre una paternidad y otra, siento como un gran privilegio las dos paternidades, y no entiendo como a ella le molesta que la llamen madre adoptiva, máxime cuando lo es. La información genérica de los medios de comunicación es con frecuencia demasiado superficial para poder informar con rigor y profundidad de los distintos y complejos aspectos que lleva intrínsecos la paternidad y filiación adoptivas. La formación en estos aspectos diferenciales es fundamental, le guste o no a la señora Pilar Cernuda, lo acepte o no, en la relación actual y futura, en la ligazón, en definitiva, que vamos a establecer, que estamos estableciendo, con nuestros hijos adoptivos. La familia adoptiva tiene que tener en cuenta muchos elementos y aspectos que no aparecen para nada en la familia biológica. De ahí que surjan asociaciones de familias adoptivas, de ahí que haya aparecido una revista especializada para informar, con mayor profundidad, de todos estos aspectos. Y no se trata de hacer guetos, que es lo que parece temer la señora Cernuda, sino de buscar puntos de contacto y fuentes de información, dos cosas imprescindibles para poder avanzar en cualquier tema. Empezar por aceptar nuestra diferencia, que no es ninguna deficiencia, y formarnos para poder ayudar a nuestros hijos a asumir de manera positiva su propia historia, son dos elementos fundamentales en la construcción de una familia adoptiva. Según más de un psicólogo los fracasos en las familias adoptivas tienen un denominador común: la falta de formación de los padres. Bienvenida pues esta revista y todos los libros y todas las jornadas que se puedan organizar.
J.Marañón (Girona)
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Esperando
La decisión fue tomada hace tiempo. Luego vinieron los primeros contactos, las primeras informaciones. Después, la vorágine de los trámites oficiales. La idoneidad, al fin. La espera. ¿Cómo afrontarla? Nuestra vida cotidiana sigue igual, incluso nosotros podemos parecer los mismos. Devolvemos el saludo a un vecino, ajeno a nuestras vidas, con la misma sonrisa, no sabe que estamos esperando. De vez en cuando, la imaginación, la "loca de la casa", se adelanta; nosotros esperamos y ella busca. Busca un paisaje, una sonrisa, un niño, ese niño... casi lo roza. Espera, ¡espera!, no idealices, no inventes, no presupongas, nos decimos. Y vuelta a esperar, tranquilos y confiados, seguros de que la realidad, algún día, superará toda ficción.
Yo no creo en ángeles, me digo, y es raro porque nunca hasta ahora me lo había dicho, no tenía esa necesidad... no creo y sin embargo pienso que el ángel de la guarda de mi infancia, justamente el mismo, debería andar ya cerca de mi hijo, y cuidármelo. Porque es del todo imposible, ridículamente absurdo, que yo tenga un hijo tan lejos, tan abandonado, tan desconocido. Hay fuerzas invisibles que atraen a todas las cosas, que, de algún modo, las unen, campos gravitatorios, magnetismos... Incluso - oigo que cuentan -, hay un "niño" que anda desbordando fenómenos naturales por todo el planeta. Pero yo, pobre de mí, en ángeles no creo. Sólo imagino, a veces, que mi ángel y mi niño me ven venir y me reconocen. Cosas de la espera.
Dolors Lezcano (Barcelona)
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Adopciones congeladas
Diferentes medios de comunicación se están haciendo eco, últimamente, de una compleja y confusa problemática derivada en nuestro país del auge de las reproducciones "in vitro". Se trata de los miles de embriones congelados que están acercándose a una caducidad legal, huérfanos de padres, tanto biológicos como científicos. Molestos "stoks", seres humanos potenciales, excedentes, en fin, de una superproducción técnico-científica que, como todo sueño de la razón, genera sus monstruos.
Una de las soluciones que más se barajan, solución, por lo demás, que gana puntos (o por puntos) en cuanto a argumentos éticos se refiere, es la de donar - nótese que se habla de "donación", que no de "adopción"- embriones a particulares que se ofrezcan como padres potenciales de tan potenciales hijos. El final feliz pasa, en algunos casos, por irse con el embrión a E.E.U.U., en busca de una madre de alquiler. Algunos científicos españoles implicados ya se pronuncian por la legalización de esa posibilidad en nuestro país.
El tema, desde luego, da para ser tratado desde muchos géneros
(cómico, terrorífico, trágico...) y desde muchas perspectivas
(científica, política, ética...), pero, ante todo
y sin chanzas, a mí me parece tremendamente humano en cuanto me
imagino el caso concreto, particular, de unos padres en busca de un hijo
deseado.
Es una posibilidad más, es una opción, y merece un respeto.
Que la Administración ande promoviendo, con carácter de urgencia
y con casi nulos miramientos, donaciones de este tipo, tal como se ha denunciado
en prensa con respecto a las autoridades catalanas, ya es harina de otro
costal. De ser cierto, los que estamos por otra opción, es decir,
los que nos hemos enfrentado pacientemente a todo tipo de esperas y de
requisitos con el fin de adoptar a un niño abandonado, sin fecha
de caducidad para su abandono si Dios no lo remedia, nosotros, en fin,
deberíamos empezar a decir algo, por lo menos. No vaya a ser que
los embriones congelados y demás frías sofisticaciones que
puedan surgir, nos congelen nuestras ilusiones.
D. C. Burón (Barcelona)